Cuando la puerta se abrió una corriente de aire helado le hizo cosquillas en los pies descalzos.
No se giró a ver la cara de su asesino, ni tan siquiera hizo el más mínimo gesto. Se quedó inmóvil mirando el retrato que colgaba de la pared. La luz estaba apagada, pero no la necesitaba para mirar fijamente a aquellos ojos de la foto.
Todo fue tan rápido que no sintió nada, literalmente. No se dio cuenta de que el verdugo ya había cumplido su tarea, así que continuó inmóvil en su silla mirando el retrato de la pared una vez que la puerta se volvió a cerrar a sus espaldas.
Nos vimos, nos miramos, nos gustamos; Nos rozamos, nos tocamos, nos olimos, nos saboreamos, nos conocimos; Nos divertimos, nos reímos, nos quisimos; Nos soportamos, nos cansamos, nos peleamos, nos herimos; Nos apartamos, nos echamos de menos, nos buscamos.
Nos vimos, nos miramos, nos gustamos; nos rozamos, nos tocamos, nos olimos, nos saboreamos, nos quisimos; nos conocimos, nos divertimos, nos reímos; nos soportamos, nos cansamos, nos peleamos, nos herimos; Nos apartamos, nos echamos de menos, nos buscamos.
Nos vimos, nos miramos, nos olvidamos de lo que venía después.
Acababan de abrir un local nuevo y por lo que se comentaba era alucinante. Por lo visto el dueño era un famoso manager de artistas que había cansado de las giras alrededor del mundo. Como esas cosas me gustan, me escapé pronto del trabajo y me fui a cotillear.
Efectivamente el lugar era increíble, la sala, la música, el ambiente,… Me pedí una Cocacola y hasta el precio me sorprendió favorablemente. El camarero me trajo los cambios y me explicó “No cobramos nada por la entrada, sin embargo sí tenemos una política de selección de clientela, ya que queremos lo mejor para el local. Cuando vayas a salir, tendrás que introducir en el teclado que hay junto a la puerta el título de un buen tema musical... En el momento que lo hayas escrito se te hará una foto y la puerta se abrirá para que puedas salir. Si tu elección se considera acertada podrás volver a entrar, en caso contrario estarás en la lista negra”.
Mientras echaba unos bailes y me tomaba mi consumición no lo pensé, pero cuando me estaba poniendo el abrigo me di cuenta de que no tenía ni idea de qué poner en el teclado al salir. Por más que lo intentaba sólo me venían los títulos de canciones de Eurovisión, el Festival de la Oti y San Remo. Tenía en la cabeza millones de melodías, pero no recordaba ni un solo título. Nada. Me empezaron a sudar las manos y me costaba respirar. Sentía la cabeza abotargada y me pesaban las piernas. Claustrofobia. Pánico.
Mientras me lavaba la cara en el baño con el cerebro funcionando a cien por hora en busca del título perfecto se me ocurrió la solución: me giré tranquilamente, metí los pies en el váter y tiré de la cadena. Aterrizar en una hermosa playa al amanecer sin duda me calmó los nervios, aunque la caminata de vuelta a casa andando se me hizo bastante larga. Tenía que haber vuelto volando, pero con la ropa mojada resulta demasiado incómodo.
Mañana quiero volver y, por si me vuelven a fallar los nervios, ya tengo preparada una libreta repleta de títulos fundamentales de la historia de la música reciente. El váter era amplio y cómodo, y la playa era preciosa, pero esta vez prefiero salir por la puerta como todo el mundo.
Me vine a esta casa porque Ella me dejó. Necesitaba un cambio de aires, tranquilidad, y una mudanza me pareció una buena idea. Pero la tranquilidad sólo me duró unos días.
Una mañana me levanté con la sensación de haber pasado toda la noche dando vueltas. Recordaba haber oído golpes entre sueños, como si alguien hubiera estado haciendo obras en plena noche. Le pregunté a la vecina a la mañana siguiente cuando me la encontré en el rellano, pero se me quedó mirando con cara de asombro, se encogió de hombros y se fue. Volví a levantarme con la misma sensación un par de días más tarde. En mi cabeza aún resonaban golpes y ruidos extraños, pero nunca recuerdo lo que sueño, así que no estaba muy seguro de si eran sonidos reales o no. Cuando le volví a preguntar a la vecina me regaló una mirada de enfado y algo así como un “lo que hay que aguantar” entre dientes. Nada más.
Durante un par de semanas creo que los ruidos desparecieron, al menos no los recordaba al despertar, pero cada día me levantaba cansado de todas formas. ¿Sabe qué?, pensé que tal vez hubiera algo en esta casa, algo que no era capaz de identificar. Desde que estoy aquí todo es diferente, de alguna manera yo soy diferente.
Esta mañana me he despertado agotado, pero más de lo normal. Llevaba los mismos vaqueros de ayer, así que supongo que me dormí vestido, no lo recuerdo. Esta noche los ruidos han sido más fuertes, o tal vez yo soy más sensible. Tengo en la cabeza los golpes de siempre, pero también creo que hay otros ruidos más suaves, como un sutil martilleo, algo arrastrado por el suelo, grifos abiertos, susurros,… No sé. Como todos los sábados he cogido las llaves y he salido para desayunar en el bar de abajo. Entonces he visto a la vecina. Hoy ni me ha ignorado ni me ha mirado con mala cara, directamente se ha puesto a gritar como una energúmena y se ha metido en casa corriendo tan rápido como sus rechonchas piernecitas de han dejado. Entonces he llegado a la cafetería y es cuando ha empezado este circo.
Una señora ha salido corriendo y un par de personas han salido detrás de ella más tranquilos pero con la cara desencajada. El camarero se ha ido directo al teléfono y antes de que me hubiera sentado en la barra tres policías han entrado por la puerta y han venido directos a por mí. Y aquí estamos.
Le repito por enésima vez que no sé qué hacen todas esas herramientas debajo de la cama, de hecho no sé ni para que sirve la mayoría de ellas. No sé qué son esas cajas que han encontrado en ese cuarto, yo no tenía ni idea de lo que había ahí dentro hasta que ustedes lo han abierto hace una hora. Creo que lleva cerrado con llave desde que llegué aquí, no estoy seguro. Tampoco sé por qué estoy cubierto de sangre seca, ni de dónde han salido todos estos moratones de mis brazos, ni qué son esas manchas del pasillo, ni qué hacen todas esas toallas a remojo en la bañera,... Alguien ha debido entrar en mi casa por las noches y hacer todos esos ruidos y hacer…. hacer eso de ahí. Yo no sé qué decirle, yo no…. bueno sí que es verdad que esto parece que yo pero…. aunque si es cierto que es Ella la que está ahí….
Creo que necesito dormir un poco. Estoy muy cansado ¿sabe? Apenas he podido dormir en las últimas semanas y esta noche ha sido la peor.
¡Abran ustedes las ventanas, las puertas, los cajones, los ojos, los brazos y todo lo que puedan abrir!
Que entre la lluvia, el viento, el barro, las moscas y los mosquitos, pero también la luz, la primavera, la brisa, las mariposas y la música. Que nos abofeteen si quieren, que nos hieran o nos insulten, pero que también nos puedan dar besos sin barreras, abrazos, mimos y caricias.
Que no pase ni un solo día sin nada que contar, ya sea un lamento o una carcajada.
¡No vayan ustedes a irse dejándose algo por probar!